Archivos de la categoría ‘sexo blando’

Venta de billetes

Publicado: 10 febrero, 2011 en sexo blando

Pasajeras a ninguna parte. Van sin ropas. Sin mirar. Van desnudas. Sin estar. Van descalzas.
En la madrileña estación de Chamartín, un puñado de mujeres calvas y ciegas caminan en formación de ataque hacia algún lugar indeterminado. Llevan el cuerpo marcado con extraños mensajes escritos sobre la piel y un corazón azul a la altura del hombro izquierdo, por encima del pecho. Aparentemente acaban de abandonar el andén y se dirigen hacia el exterior del edificio. Nadie sabe de dónde vienen ni a dónde van. Al parecer, son víctimas de algún tipo de vejación y denuncian su estado de desamparo mostrándose desnudas de esta manera. Como nota anecdótica cabe señalar el hecho de que algunos viajeros fueron tachados de conducta lasciva tras haberse detenido a leer el texto impreso sobre los cuerpos desprovistos de vestiduras. Acabado el rifi-rafe de malinterpretaciones, la policía municipal optó por recomendar a las presuntas agraviadas que tatuaran sus protestas sobre un brazo o sobre las pantorrillas y algo de muslo como mucho, con el fin de evitar deslizamientos impúdicos en las miradas del público.

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Maciza

Publicado: 11 noviembre, 2010 en sexo blando

Ven… ven, acércate, por favor. Mírame… ¿te gustan mis cejas? Y mis pómulos ¿qué dices de mis pómulos? Son adorables. Mis labios podrían oler a bebé, tersos y libres de cremas artificiales. ¿Te gustan mis caderas? Son perfectas. La falda tiene una caída espectacular. El relieve de mis glúteos casi se transparenta bajo la seda. No dejes que tus nervios te traicionen, no puedo escapar… Te dejo que mires todo lo que quieras. Ya sé que esta postura es algo provocativa, pero me apetece que mi cuerpo se muestre así, vestido como si fuese desnudo. Siento que mi peinado resulte tan poco natural. Eso tendrás que pasarlo por alto. El volumen moldeado sujeta las gafas y el sombrero, pero olvídate de hundir tu rostro en rizo alguno; comprenderás que la idea de poner pelo en la cabeza de un maniquí es una ordinariez. El plástico macizo siempre dió mejor resultado.

Moribundas y geniales

Publicado: 30 octubre, 2010 en sexo blando

A toda velocidad surcan dos lágrimas un panorama mojado. Esquivan pequeños accidentes en un zigzag nervioso y trazan sendas líneas de cristal jugando como enamoradas. No sé si se persiguen o se acompañan, pues el amor es eso mismo y ambas cosas pudiera ser. En realidad tampoco me importa mucho. Los surcos son efímeros, como tantas cosas del amor, y pronto el vapor de la ducha cubrirá con un manto de rutina el campo de batalla; en poco tiempo será como si nada hubiera pasado. Apoyo mi dedo índice sobre el cristal e irrumpo como una catástrofe en el juego feliz de mis dos gotas de agua. Dibujo unas letras inconexas en el cristal de la mampara y luego paso la mano para que más tarde no queden señales. La superficie transparente que protege mi baño de las salpicaduras es inerte y monótona. No tiene el aspecto fértil de unas mejillas saladas por el llanto o la alegría, pero siempre me conmueve el poético espectáculo de las gotas cayendo al vacío en un dibujo de belleza instantánea, moribundas y geniales. Como esas figuras que las nubes modelan en otoño y primavera.

Hortalizas y cohetes

Publicado: 19 octubre, 2010 en sexo blando

Televisión Española, Canal 24H. La presentadora del informativo depositaba nombres cuidadosamente: Kubica, Button, Alonso, Massa… hombres veloces en la crónica deportiva de automovilismo. Los ordena con mimo, entonando la locución con cierto ritmillo, al gusto del periodismo deportivo vigente. Alinea el grupo de cabeza, los de siempre, y hace una pausa antes de coronar al líder de la lista. Sonríe, arquea la espalda y convoca a la complicidad ladeando la cara en un gesto coqueto.

-El más rápido es… Kubica… por cierto… así que es el que va… como si fuera… un.. un… ejem…

La presentadora sonríe ligeramente violentada, pero recupera la compostura. Acentúa el arqueo de su espalda, como una niña pequeña sorprendida en un renuncio, mira sus papeles, vuelve a sonreir y liquida la comparación que se resistía a salir de sus labios:

-Como si fuera, ejem… pues… un… un… como si fuera ¡un pepino!

Pronuncia la palabra prohibida abriendo mucho los ojos. Parece que diera por sentado que el sustantivo hortícola esconde algo soez y que ella también ha sido la víctima de la irrupción de ese término. Abre los ojos y sonríe haciendo ajeno a su persona el pepino cuya presencia ha sido perpetrada por otro, probablemente el periodista autor de los textos que ella lee ante ante la cámara.

Luego da paso a la siguiente noticia, algo relativo a una misión espacial. Aprovecha el tirón y en un repecho a modo de pausa recalca que el pepino mencionado se trata de un cohete, en realidad.

No es por nada, pues ¿quién va a pensar que hablando de velocidad y pilotos de Fórmula Uno, un pepino pueda no ser otra cosa que un objeto raudo como un cohete? ¿Qué más podría ser una hortaliza de esas dimensiones y aspecto?

Empírico

Publicado: 3 octubre, 2010 en sexo blando

Una vez toqué unas tetas postizas. Me encontraba trabajando en ese momento y casualmente tuve la oportunidad de palpar una teta con relleno de silicona. Dar cuenta de la naturaleza de mi ocupación no viene al caso, aunque bien es cierto que fue eso lo que propició tal experiencia. Y digo experiencia, sí, porque la impresión que provocó en mí el tacto de aquel pecho desmontó cualquier fruición adulta que animara mi mano en favor de una curiosidad infantil irrefrenable.
La cosa es que la teta estaba fría. A esas alturas ya habían pasado muchas tetas por mis manos, y aquella, asida sin reparos y sin la agotadora molestia de seducciones previas, no deparó chispazo alguno ni demoledoras pulsiones. Era una teta fría que en lo primero que me hizo pensar fue en los pormenores mecánicos que su dueña debía asumir en cuanto a su manejo y exhibición. Sin duda alguna, si la temperatura de aquel pecho hubiera sido la adecuada, los oídos de mi ser habrían captado desde lo inmemorial la inconfundible llamada de la selva, un aullido evocado sin confusiones en tantos momentos, aunque la teta más que teta fuese un botón orgulloso y erguido en medio de la plaza fuerte que siempre es un pecho por plano que sea.

Desconocidos íntimos

Publicado: 7 septiembre, 2010 en sexo blando

Dos hombres absolutamente desconocidos se encuentran en la Gran Vía de Madrid. Se miran distraidamente, sin demostrar atención. De pie en una acera, rodeados de gente que camina o se detiene a cualquier cosa, es sencillo aparentar. Con el rabillo del ojo se calibran, en silencio. Camuflan el aspecto que ofrecen a la vista de los que pasan. Enfundados en sus ropas normales, ambos interpretan el papel de transeúntes respetables para un público que les ignora. Dos hombres que se esfuerzan disimuladamente por captar cualquier detalle que revele definitivamente lo que está ocurriendo. En algún momento se agotan las superficies de brazos, piernas, torsos, complementos de la vestimenta, zapatos. Fugazmente, las miradas coinciden y en una décima de segundo ambos pueden observarse completamente desnudos y solos, en medio de una calle totalmente desierta. Solo necesitan un pequeño impulso que les precipite el uno sobre el otro. Entonces alguien se acerca al quiosco que hay cerca del cruce con Valverde y pide un periódico del día. La voz tranquila y nítida rasga la realidad de los dos hombres que están a punto de devorarse. Un centenar de peatones materializan súbitamente sus presencias, el ruido de sus pasos, sus gritos. La cortina sonora del tráfico irrumpe como una ola que se hubiera descongelado repentinamente. En las muñecas de ambos hombres palpitan sendos relojes apremiando porque la mañana se echa encima. Suena un teléfono móvil:

-¿Cariño?

-¿Sí?

-¿Puedes comprar pan cuando vuelvas?

-Claro que sí

-Por cierto, mañana te toca recoger al niño de la guardería.

-Muy bien.

-Te quiero amor. Te dejo que llevo mucha prisa.

-Un beso.

Salas de una sola taza

Publicado: 1 septiembre, 2010 en sexo blando

Yo entro a veces en el baño de mujeres para lavarme las manos o para otras cosas peores. Lo hago cuando no me queda más remedio. Ahora eso suele ocurrir cuando el servicio de los chicos está averiado o bien ocupado por la señora de la limpieza. Pero hace años, yo mismo tomaba la iniciativa. Con alguna copa de más, por algún motivo misterioso, la desinhibición me arrastraba al interior del baño femenino. Localizaba la taza del water -es el único sitio donde uno puede mear en un baño de chicas además del lavabo- y allí me aliviaba con el cosquilleo de saber que algo imprevisto podría pasar en cualquier momento. Por supuesto, nunca pasaba nada. Si dentro de mi cabeza yo era un estupendo transgresor, para la incauta sobria que asomara la cabeza yo no pasaba de borrachín infame. Para las beodas no era más que un intruso que les fastidiaba una micción tan urgente como sólo puede mearse una mujer harta de cerveza. En cualquier caso, a fin de cuentas, uno no es lo que es sino lo que cree ser. Yo salía de aquellas incursiones con la vejiga aliviada y con la fantasía estimulada, y me reincorporaba a la pista de baile con un brillo de cazador renovado en mis pupilas. No guardo recuerdos de grandes triunfos tras esos rituales de profanación, sin embargo mantengo nítidas en mi memoria la imagen de montañas de compresas usadas flanqueando mis piernas separadas frente a la taza.