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Hay que ser muy infame para engañar a miles de familias embaucándolas con un producto de primera necesidad como es la hipoteca que te permite adquirir una vivienda. Y más infame aún para envenenar el tejido económico de la sociedad con el beneficio podrido de esa estafa camuflándolo –escondiéndolo- bajo la forma de sofisticada inversión financiera. Esto es lo que hicieron impunemente un puñado de banqueros e inversores ante la vista gorda de políticos y responsables sociales. Ahora nos ahogamos en la crisis que vino luego. Era inevitable. Compramos un mundo de mentira con dinero ficticio que funcionó hasta que los tiburones dejaron de nadar en oro y empezaron a chapotear en nuestra sangre. Esto ocurrió. Unos pocos asesinaron económicamente a miles de familias ante la mirada impasible de los políticos y gobernantes. Los derechos humanos en occidente son insignificantes cuando lo que está en juego es la cuenta de resultados y la ingeniería financiera tergiversa la libertad. Aún ahora, en plena agonía, el dinero público sigue llenando los bolsillos de los verdugos.
Sin embargo, yo me puedo permitir el lujo de escribir esto, y mi expectativa es que alguien rebata con razones lo que digo o que se muestre de acuerdo, con lo cual siempre saldré ganando en el camino hacia el conocimiento. Alguien podría opinar que no se trata más que de un juego vacío de palabras, pura demagogia. Podría alegar que mis palabras malversan la verdad, que es otra forma de riqueza, tal y como los banqueros malversaron la economía depreciando la confianza, que es la forma invisible que adopta el dinero a lo grande. Pues sí, podría. Y no pasaría nada.
De vez en cuando se deja oir un runrun en los canales de comunicación oficiales chinos. Se critican las democracias como sistemas de desgobierno y germen de la crisis actual. La idea es “ya lo decíamos nosotros, ¿véis lo que pasa cuando el poder lo usa quien no debe?”. Sin embargo, los destinatarios del mensaje no son esos sistemas criticados. China consume cultura occidental, estilo occidental, hace negocios con esos países en los que las atractivas ideas nacen en cerebros y corazones de gente libre. Es su banquero.
Yo diría que tal mensaje va dirigido a la única fuerza capaz de desestabilizar a la cúpula dirigente del Imperio del Centro, la fuerza imparable que hace grande a esta nación. Se trata del propio pueblo chino, una masa de mil trescientos millones de personas con una capaciad de trabajo arrolladora, con una adaptabilidad que en Europa perdimos hace dos generaciones, con una vitalidad a prueba de bomba. Supongamos que sólo un uno por mil de la población tuviera suficiente empuje como para convertirse en líderes, e imponer sus ideas convenciendo al resto. Siguen siendo un millón trescientos mil tipos con ideas propias agitando las aguas. El control del flujo ideológico en China es la cadena de terciopelo y acero que mantiene el poder en las manos del Partido Comunista Chino. Y los dirigentes saben que la clave está en la tolerancia cero a cualquier iniciativa que insinúe una alternativa ideológica viable. Para curarse en salud, intolerancia a cualquier iniciativa.
Esta estrategia ha preservado una estabilidad a cuya sombra los prácticos chinos han hecho buenos negocios y muchos de ellos se han enriquecido, mayormente los cuadros del Partido. El dinero es el dinero y puede fluir mientras no toque el liderazgo ideológico. Pero hay otros ámbitos en los que la materia prima no es el papel moneda, sino la expresión personal, el arte y la comunicación, algo que alimenta la satisfacción, la dignidad, y confiere tanto o más lustre que un traje de Armani al humano que lo practica con sinceridad. Quien lo utiliza con acierto extiende su manto de seducción y derriba los muros establecidos. Por eso, los dueños de esos muros aplastan minuciosamente a aquellos quienes expresan lo que “no deben”. Ya sea un artista, ya sea un escritor, ya sea un insignificante internauta cuyo comentario se multiplica por millones en un minuto, ya sea un periodista.
Ninguna cuenta bancaria abultada podrá igualar a las frentes altas de los que se expresan en libertad. Pero no corren buenos tiempos para esa lírica. En Occidente –y en España mucho más- la precariedad laboral amordaza tanto como el dedo inmisericorde con el que China señala periódicamente a algún periodista, a algún comunicador –a algún artista- cuando se sale del guión que retrata la felicidad de este mundo en el que puedes tener el dinero que quieras, siempre que no pienses demasiado, o no le cuentes a nadie lo que piensas. Decía aquella jaculatoria: “El señor es mi pastor, nada me puede pasar…”; creer y callar. Eran otros tiempos y al que decía inconveniencias también lo pasaban por la parrilla. Ahora y aquí, es algo parecido. Creer y callar… Y si no, de vuelta a Estados Unidos con una beca, ya sea de profesora o de estudiante. Por cierto, esto de las becas universitarias se está convirtiendo últimamente en un filón para los que disienten en China… Debe ser la alternativa al gulag que investiga el “soft power”.


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Durante mucho tiempo, los funcionarios corruptos del gobierno local de Wukan, bendecidos por el partido, se enriquecieron vendiendo de tapadillo terrenos que pertenecían al pueblo. De un día para otro, el vecino de turno encontraba cercadas sus tierras o maquinaria pesada construyendo un complejo turístico. Esto se prolongó años hasta que la gente se organizó y empezó a protestar; marchas multitudinarias encabezadas por un grupo de trece representantes y amplia difusión en las redes sociales. En diciembre de 2011, la policía detiene a cinco de esos trece elegidos y uno de ellos muere durante el interrogatorio; Xue Jinbo se convierte desde ese momento en mártir y la protesta en una rebelión abierta. Los funcionarios corruptos son expulsados. Wukan, un pueblo chino perteneciente a la demarcación sureña de Lufeng, deja de ser topónimo y deviene en grito de guerra, en símbolo, en un hashtag rompedor en Twitter y un trending topic en el equivalente chino Weibo.
Con el número suficiente de muertos, Wukan habría sido un Tiananmen a la “campesina” y esto era algo que el gobierno central no podía permitirse. Otra vez no. Para aplacar el terremoto, se concede la gracia de permitir convocar elecciones municipales libres. El 11 de febrero de 2012 se celebra una votación aparentemente abierta para determinar el gobierno de la localidad que sustituya al grupo de funcionarios corruptos expulsado.
Como suele suceder, la mitificación de estos acontecimientos siguió derroteros diferentes dentro y fuera de China. Lo “sexy” no es un concepto absoluto, va unido al apetito de cada uno. Mientras en occidente se imaginaba ya una Libertad guiando al pueblo en plan chino, en Wukan fueron mucho más prácticos y simplemente se limitaron a exigir que la ley se cumpliera, sin criticar al sistema.
Después de haber oído a bastante gente del pueblo y de ver la evolución aparente de sus cultivos –mucho terreno desatendido y árboles para madera, que no son precisamente las hortalizas de las que se vive en el corto plazo-, tuve la sensación de que lo que molestó realmente a los vecinos fue que las transacciones se hubieran realizado sin su conocimiento, y que los beneficios hubieran ido a parar a manos de unos pocos con nocturnidad y alevosía. Es una sensación, que conste, por eso lo sugiero unilateralmente en un blog y no lo afirmo contrastadamente en un medio de comunicación. Su indignación quizás no era tanto la de un pueblo oprimido como la de unos pobres engañados, a los que encima les matan al líder que les unía y materializaba esta indignación en un discurso visible. Indignación y enfado.
Como decía, las formas de su reclamación estimularon la imaginación mediática de occidente, en la cual China vende más como represora del Tibet que como compradora de deuda pública, paradójicamente. Twitter se interrogaba por la posible tendencia que pudieran suponer unas elecciones libres en Wukan, pero sospecho que los lugareños de lo que se alegraban realmente era de dar boleto a sus corruptos, preservando el sistema. Simplemente querían lo que era suyo y que la ley funcionara.
Sin embargo, a pesar de todo, hubo mucha magia aquel día de las votaciones en Wukan. Había magia, se palpaba. Por unas horas, la tenaza del miedo se hizo invisible y una extraña complicidad se apoderó de los vecinos. Ese temor irracional de los chinos a la presencia de la prensa extranjera en sus procesos legales íntimos se derrumbó por decisión comunal y los funcionarios oficiales que se resistían tuvieron que dejar pasar las cámaras hasta las urnas. Un breve y violento intercambio de gritos sanciona la autorización y ahí estamos, con carta blanca en el epicentro del fenómeno. La presión para recuperar las tierras ha desembocado en este capítulo insólito y sorprendente, genuino, por la sencillez de sus protagonistas, y naïf, compartiendo unos platos de arroz con pollo mientras las papeletas se apilan improvisadamente en cajas vacías de cerveza americana “Budweiser”, y agua mineral “C’est bon”. Sí, al final EEUU ha tenido que ver en la votación. Parte de los votos emitidos en Wukan se guardaron en cajas vacías de cerveza Budweiser. El cuadro es maravilloso, y su entidad literaria digna de un cuento de Borges o de Cortázar. En pleno hito histórico del gigante comunista, aquellas cajas resaltaban como un parche con el rostro del ratón Mickey cosido al pijama de Mahmud Ahmadineyah por un descuido de la criada.
Los viejos votaron decididos con el gesto enfurruñado del que va a recuperar lo suyo, pero los jóvenes levitaron. Y en ellos sí estuvo de alguna manera la Libertad guiando sus risas, menos como la imaginó Delacroix, con dos pechos de fromage al aire, y más con un estilo de tienda china de todo a cien, en una extraña mezcla de juguete recién descubierto y conciencia de lo trascendente.
Estos muchachos cabalgaron a lomos del presente (y ya lo conjugo en pasado…). Empuñaron la pasión del conquistador joven, que no es lo mismo que la convicción del conquistador entrado en años. Apenas pronunciaron la palabra democracia porque en sus bocas era un grito de júbilo silabeando en ojos abiertos y sonrisas amplias más que en vocales y consonantes. Votaron por primera vez en un país donde votar es anatema hasta tal punto que el gobierno censuró la emisión de un concurso en televisión porque se elegía a los ganadores “votando” y el proceso evocaba demasiado a la democracia. Les dejaron besar su libre albedrío en un primer beso, que es el que realmente hace temblar los labios, como mal menor. No sabemos si la concesión fue fruto de la prudencia o una consecuencia lógica del “liberalismo socioeconómico con características chinas”. Tampoco si este día pasará a la historia como un escalón más de un progreso que aún no adivinamos si llevará a sima o a cumbre.

De dioses y opiniones

Publicado: 26 junio, 2011 en Opiniones

Con paso marcial y absoluta devoción, interminables hileras de personas suben al enorme altar presidido por una descomunal estatua que posa la mirada en el horizonte. Están organizados en grupos, pues llegan en peregrinación desde remotos lugares del país. Hombres portando coronas de flores encabezan cada comitiva, y por turnos se aproximan a la inmensa figura para depositar la ofrenda junto al océano vegetal que se acumula lentamente a los pies del ídolo. Una vez colocado el ramo, todos se hacen atrás un paso e inclinan sus torsos en varias reverencias ejecutadas al compás de algo que parece un salmo.
Seguramente, si hablara chino encontraría una interpretación a todo esto en las palabras que pronuncian estas gentes, y lo que parecen salmos probablemente sea una declaración de respeto o de devoción, que no es lo mismo. Estoy en Shaoshan, provincia de Hunan, el pueblo donde nació Mao Zedong, que es el personaje representado por esa figura de más de veinte metros a la que todos veneran.
Entre arrozales y anegados bancales sembrados de lotos, una marea humana visita la casa en la que vivió Mao. La localidad es casi un parque temático dedicado al personaje. Se venden estatuas de Mao pequeñas, medianas y de un tamaño gigantesco. Todos los restaurantes del pueblo llevan un nombre que empieza por la palabra Mao. Incluso la dueña de uno de ellos, una vieja paisana del dirigente político, ha montado a su vez su propio circo en torno a la figura de ella misma, como superviviente de una época. La señora, impecable a sus ochenta y muchos años, dirige con voz de mando su negocio. Vende merchandising a la entrada del local y explica de carrerilla las fotos que tapizan buena parte de las paredes. En ellas aparecen progresivamente el pueblo sin Mao, el pueblo con Mao, ella con Mao en el pueblo, ella y su familia con Mao, ella y su familia, y finalmente ella sola como estrella indiscutible de la historia. Miramos hacia arriba y en una pantalla de televisión el rostro de esta mujer surge entre destellos dorados. La factura del vídeo es profesional, así como el acabado del memorándum biográfico que nos regala, encuadernado en papel de lujo. A la sombra del Mao consagrado e intocable, es posible aspirar a la divinidad, divinidad menor, por supuesto, pero divinidad. Y la caja no para de sonar mientras las oleadas de peregrinos dejan su dinero.
Decía un español prominente afincado temporalmente en Pekin que a los gobernantes chinos lo que les molesta no es la naturaleza de las aficiones, creencias o tendencias políticas. Es simple y llanamente la posibilidad de que alguien consolide un liderazgo en cualquier ámbito; un estado de opinión ajeno al establecido siempre es una administración de poder paralela, ya sea en el salón o en la cocina, y puede extenderse y adueñarse de la casa entera. Cristianos, artistas traviesos, escritores con ideas extravagantes, o aquellos que denuncian algo que ha arruinado la vida de tanta gente que la suma de esas personas ya hace opinión estadísticamente, o los del 15M sin ir más lejos. Todos son una amenaza. Desde un punto de vista estrictamente profesional de la política, el razonamiento tiene sentido; las opiniones dispares entorpecen el trabajo de los gobernantes, no son prácticas. Sin embargo, cuando se opina con acierto, es posible que te conviertas en un pequeño dios. Siempre y cuando el nombre de tu restaurante sea el adecuado.
Cae la noche y la señora paisana de Mao vuelve a sus dependencias. Enciende una vela y la deposita en un altarcito para que ilumine las deidades que esconden las figurillas que rodean un busto dorado de Mao. Luego toca con fe inquebrantable un enorme amuleto repleto de luces y cristales que traerá una vez más la buena suerte a su vida.

Pekín, 26 de junio de 2011.