Frecuencia de resonancia

Publicado: 6 febrero, 2011 en Sin categoría

Dos paredes están a una distancia tal que el sonido de las voces de aquellos que entre ambos muros mantienen una conversación se multiplica y reverbera de manera espontánea, sin mediación de artefactos electrónicos o de otro tipo. Es un pequeño milagro que la casualidad regala, como cuando un batallón que cruza un puente provoca el desmoronamiento del mismo si marcha sincronizadamente con un determinada frecuencia de pasos por minuto. ¿Qué número de pasos es éste que logra vencer a toneladas de hormigón y acero con la sola intervención de un puñado de botas? Depende del puente y de sus características materiales y estructurales. Es una cifra escondida, a la que se llega solo si la casualidad lo permite. En física recibe el nombre de frecuencia de resonancia y no es únicamente una característica de los puentes. También se puede tumbar una farola a base de golpecitos propinados en su propia frecuencia de resonancia. Entonces la energía se multiplica, como un columpio que en cada vaivén sube y sube más aún. A cada palmadita notamos una inercia mágica de velocidad que arrolla inexorablemente la resistencia de la columna metálica hasta que sus cimientos ceden y se tambalea. Por poner otro ejemplo y sin ir más lejos, el cacareo del humano borracho que parlotea sin sentido y sin cesar en creciente voz alta también es susceptible de actuar como una palmadita de bisbiseos que acaba por convertirse en bofetón si se dan las condiciones favorables.
Por alguna razón, por pura casualidad seguramente, la fachada del edificio donde habito se encuentra separada de la fachada de enfrente a una distancia perfecta para que el citado cacareo humano rebote multiplicándose y amplificándose en su potencia sonora. Por puro azar, estoy seguro, coincide que mi calle es la calle del barrio que acoge más bares nocturnos. Y ahí estoy yo, cada noche, asistiendo al milagro físico de la multiplicación de los panes y los peces pero en plan berridos de la gentuza a la que sus padres o quien quiera que fuese no ha inculcado la sencilla idea del respeto al prójimo, seguramente porque también la desconocían ellos y los progenitores de sus progenitores. Y esto que digo lo corrobora el hecho de que esporádicamente, alguno cesa el griterío para concentrarse en orinar sobre algún coche aparcado que no es el suyo ni el de su padre, ni el de su puta madre.
Y no digo más porque pasan las dos de la madrugada, no he pegado ojo y me estoy poniendo de muy mala hostia.

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