Atrevimiento o valentía

Publicado: 5 febrero, 2011 en humanos

A los veinte años uno se lanza a la aventura como el que ataca una mesa repleta de comida con el estómago vacío. A los treinta la experiencia es parecida, pero ya se conoce un poco la composición del menú y la posibilidad de elegir acrecenta la satisfacción. En cualquiera de los dos casos, se afronta la prueba con la conciencia de que el colchón del tiempo amortiguará las incidencias de un eventual aterrizaje forzoso. Son golpes transitorios por tanto, con periodo de recuperación incorporado, o victorias, si todo sale bien.
A los cuarenta uno se lanza a la aventura como el que cierra un último capítulo. Se experimenta un vértigo intenso que no tiene que ver con el miedo anodino provocado por una altura a la vista. La distancia peligrosa no está limitada por ningún suelo. Está escondida al final de la pista de aterrizaje y es un precipicio que conduce al vacío. Cualquier aterrizaje forzoso eventual puede concluir en una catástrofe sin vuelta atrás. Pero también puede suceder que todo salga bien. Imagino que entonces podrá uno caminar hacia el borde del asfalto tras el que se extiende el fin del mundo y pensar con tranquilidad en las cosas de la vida. Incluso detenerse a tener un hijo, aunque sea un poco tarde.

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comentarios
  1. No es tarde. Te lo digo yo.

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