Archivos para febrero, 2011

¿Dónde estabas el 23-F?

Publicado: 25 febrero, 2011 en verdades

ilustración: http://www.pitodoble.com

Con poco más de diez años necesitas tener una familia muy concienciada en lo político para saber ver en las sutilezas la hecatombe que se viene encima. El caso es que mis padres habían nacido y crecido dentro de la dictadura, eran como los nativos digitales de hoy pero aplicado a la ausencia de libertad. Una vida entera de iconos incontestables les dejó incapaces de desear con naturalidad lo que hoy es ley. Nacieron y crecieron en esa caja de cartón que Franco ató y, afortunadamente, no dejó bien atada. Todo era esfuerzo por salir del fondo gris que era la España de entonces.
Las ilusiones de aquellos que disfrutaron de una parentela ilustrada –con o sin dinero- o de aquellos que pudieron ilustrarse, giraban en torno a una ventana abierta al mundo; conocer y sumergirse en eso tan bueno que se intuía debía estar más allá de los Pirineos. Al resto, la gran mayoría que no pudo ver más allá del fondo gris,  la idea de la ventana al exterior les era extraña e indiferente. Construyeron su universo de deseables tirando de lo que tenían a mano: películas del oeste, la épica militar y religiosa, y todo aquello que por decreto debía emocionar, dentro de la caja de cartón que Franco mantenía bien cerrada mientras Europa florecía en melodías completamente desconocidas para aquella generación callada por el miedo desde la cuna. Vivían en una inopia de santos inocentes, por su propio bien, según los que mandaban. Los camioneros que volvían de Francia y Alemania, sospechaban que aquello no debía estar mal, con ese aspecto ajardinado de casa de ricos. Pero a muy pocos se les pasó por la cabeza la idea de hacer de sus vidas un jardín parecido.
Estando en esto, 1981 no era un año alejado de 1975. El milagro del 23-F fue que la pasividad de una población desactivada minuciosa y sistemáticamente desde la niñez, no propiciara el éxito del golpe. En casa lo recuerdo como un episodio de película de acción que nos despertó la curiosidad más por ver el desenlace de la trama que por la conciencia de la ignominia hacia la dignidad de ciudadanos libres. Éramos libres y no lo sabíamos con total certeza. Nos contaron de un conocido que tiró por el retrete su carnet de la UGT. Nuestro inconsciente colectivo que nunca había salido de la caja de cartón asistió a aquel drama de angustia y terror como a un episodio del guerrero del antifaz; ingénuos. Además, no hubo cole ¡bién!
Hoy ha pasado el tiempo y las definiciones gritadas públicamente han enderezado las conciencias ensordecidas; la sombra de una generación enterrada desde su nacimiento es insípida y alargada. Cuando los escrúpulos eran de otra dureza esto se sabía muy bien. Como Franco también lo sabía.

Ventanas

Publicado: 23 febrero, 2011 en Gajes del oficio

El periodista gráfico que realiza la grabación busca un hueco en el enjambre de cuerpos. Procura situarse en un lugar que le permita captar lo que sucede con la mayor intensidad posible. Lo que porta entre sus manos parece una cámara de televisión, pero en realidad es una ventana tras la que aguardan miles, tal vez millones de personas. De vez en cuando, en el fragor del forcejeo, el rostro del hombre que está siendo reducido por la fuerza consigue asomarse a esa ventana. Es una aparición fugaz, seguida con avidez por las miradas de esos que aguardan dentro, expectantes. Las facciones contraidas del tipo que está siendo reducido se adueñan de la pantalla. Ya no existe otra cosa que la figura de un manifestante sometido a la fuerza de unos policías brutales.
Repentinamente, un individuo que acompaña a aquellos que intentan doblegar a ese hombre saca de algún sitio algo que parece una videocámara. Con expresión tranquila pero decidida, comienza a grabar al reportero. Los miles, o millones, que siguen la acción desde su televisor-ventana advierten al intruso que se cuela en el cuadro apuntándoles a ellos también con ese aparato, que parece una videocámara, pero que en realidad es otra ventana tras la que otros espectadores toman nota, con otras intenciones, desconocidas, más allá del puro entretenimiento o el afán informativo.

Carta de amor

Publicado: 15 febrero, 2011 en verdades

Los días siguen siendo ásperos, como siempre, pero salvamos cada uno desde hace años; a fin de cuentas vivir es eso, ir convirtiendo la intemperie en pedazos de hogar. Hemos visitado países lejanos y dormido en muchos hoteles. Nos descubrimos el uno al otro desenvolviéndonos como regalos mútuos la primera vez, y como el olor de la propia tierra años después. Nos peleamos, como los elementos antes de crear el mundo. Tras la tormenta, el cielo se abre y dormimos tranquilos. Después de todo este tiempo, me gusta abrazarte y comprobar que aún me sobra todo lo que no seas tú.

Venta de billetes

Publicado: 10 febrero, 2011 en sexo blando

Pasajeras a ninguna parte. Van sin ropas. Sin mirar. Van desnudas. Sin estar. Van descalzas.
En la madrileña estación de Chamartín, un puñado de mujeres calvas y ciegas caminan en formación de ataque hacia algún lugar indeterminado. Llevan el cuerpo marcado con extraños mensajes escritos sobre la piel y un corazón azul a la altura del hombro izquierdo, por encima del pecho. Aparentemente acaban de abandonar el andén y se dirigen hacia el exterior del edificio. Nadie sabe de dónde vienen ni a dónde van. Al parecer, son víctimas de algún tipo de vejación y denuncian su estado de desamparo mostrándose desnudas de esta manera. Como nota anecdótica cabe señalar el hecho de que algunos viajeros fueron tachados de conducta lasciva tras haberse detenido a leer el texto impreso sobre los cuerpos desprovistos de vestiduras. Acabado el rifi-rafe de malinterpretaciones, la policía municipal optó por recomendar a las presuntas agraviadas que tatuaran sus protestas sobre un brazo o sobre las pantorrillas y algo de muslo como mucho, con el fin de evitar deslizamientos impúdicos en las miradas del público.

Carne de vaca

Publicado: 7 febrero, 2011 en Perdiendo el tiempo

Hoy he visto en la tele la imagen de una vaca pastando tranquilamente en su cercado. Los ojos bovinos en su cara de vaca no miraban nada en especial, simplemente se abrían y cerraban entre bostezo y bostezo. El animal era un auténtico pedazo de carne, sin sutileza emocional alguna, que igual muere en el matadero como aplaca la sed abrevando, con la misma expresión, aunque la procesión vaya por dentro.
Los caballos son diferentes. Establecen con su dueño o con quienes les cabalgan una relación personal e intransferible. Consiguen entregar amor o gratitud y que se note.
En el trato directo las vacas huelen fatal y siempre existe el peligro de pringarse con sus boñigas o de enfangarse en los lugares que habitan, que son el establo o un campo lleno de vacas. Los caballos no huelen menos, pero su planta y el imaginario que les rodea blindan su reputación.
En cualquier caso, aún recuerdo la sensación placentera y sutil de tranquilidad que aquel grupo de vacas pastando al sol me transmitió. No esperaban nada ni les perturbaba inquietud alguna. Habían llegado. Puede que se conformaran con poco, pero su camino estaba hecho y la balanza de los débitos equilibrada. Irradiaban paz. Supongo que por esta razón una vaca estresada es la viva imagen del sufrimiento mientras que un corcel nervioso no es más que un héroe que parte a salvar el mundo.

Frecuencia de resonancia

Publicado: 6 febrero, 2011 en Sin categoría

Dos paredes están a una distancia tal que el sonido de las voces de aquellos que entre ambos muros mantienen una conversación se multiplica y reverbera de manera espontánea, sin mediación de artefactos electrónicos o de otro tipo. Es un pequeño milagro que la casualidad regala, como cuando un batallón que cruza un puente provoca el desmoronamiento del mismo si marcha sincronizadamente con un determinada frecuencia de pasos por minuto. ¿Qué número de pasos es éste que logra vencer a toneladas de hormigón y acero con la sola intervención de un puñado de botas? Depende del puente y de sus características materiales y estructurales. Es una cifra escondida, a la que se llega solo si la casualidad lo permite. En física recibe el nombre de frecuencia de resonancia y no es únicamente una característica de los puentes. También se puede tumbar una farola a base de golpecitos propinados en su propia frecuencia de resonancia. Entonces la energía se multiplica, como un columpio que en cada vaivén sube y sube más aún. A cada palmadita notamos una inercia mágica de velocidad que arrolla inexorablemente la resistencia de la columna metálica hasta que sus cimientos ceden y se tambalea. Por poner otro ejemplo y sin ir más lejos, el cacareo del humano borracho que parlotea sin sentido y sin cesar en creciente voz alta también es susceptible de actuar como una palmadita de bisbiseos que acaba por convertirse en bofetón si se dan las condiciones favorables.
Por alguna razón, por pura casualidad seguramente, la fachada del edificio donde habito se encuentra separada de la fachada de enfrente a una distancia perfecta para que el citado cacareo humano rebote multiplicándose y amplificándose en su potencia sonora. Por puro azar, estoy seguro, coincide que mi calle es la calle del barrio que acoge más bares nocturnos. Y ahí estoy yo, cada noche, asistiendo al milagro físico de la multiplicación de los panes y los peces pero en plan berridos de la gentuza a la que sus padres o quien quiera que fuese no ha inculcado la sencilla idea del respeto al prójimo, seguramente porque también la desconocían ellos y los progenitores de sus progenitores. Y esto que digo lo corrobora el hecho de que esporádicamente, alguno cesa el griterío para concentrarse en orinar sobre algún coche aparcado que no es el suyo ni el de su padre, ni el de su puta madre.
Y no digo más porque pasan las dos de la madrugada, no he pegado ojo y me estoy poniendo de muy mala hostia.

Atrevimiento o valentía

Publicado: 5 febrero, 2011 en humanos

A los veinte años uno se lanza a la aventura como el que ataca una mesa repleta de comida con el estómago vacío. A los treinta la experiencia es parecida, pero ya se conoce un poco la composición del menú y la posibilidad de elegir acrecenta la satisfacción. En cualquiera de los dos casos, se afronta la prueba con la conciencia de que el colchón del tiempo amortiguará las incidencias de un eventual aterrizaje forzoso. Son golpes transitorios por tanto, con periodo de recuperación incorporado, o victorias, si todo sale bien.
A los cuarenta uno se lanza a la aventura como el que cierra un último capítulo. Se experimenta un vértigo intenso que no tiene que ver con el miedo anodino provocado por una altura a la vista. La distancia peligrosa no está limitada por ningún suelo. Está escondida al final de la pista de aterrizaje y es un precipicio que conduce al vacío. Cualquier aterrizaje forzoso eventual puede concluir en una catástrofe sin vuelta atrás. Pero también puede suceder que todo salga bien. Imagino que entonces podrá uno caminar hacia el borde del asfalto tras el que se extiende el fin del mundo y pensar con tranquilidad en las cosas de la vida. Incluso detenerse a tener un hijo, aunque sea un poco tarde.