Preguntas y confesiones

Publicado: 6 noviembre, 2010 en humanos

Uno que pasaba por ahí, sufre tal comezón en el trasero que no aguanta más e inquiere a Google por su problema. Busca una respuesta pero formula su pregunta como una afirmación “me pica el culo”. En el fondo, deseaba atisbar un reflejo de su situación en otras historias de humanos doloridos y sentirse arropado en la desgracia común. De hecho, el resultado no le alivió por lo informativo, más bien le deparó el consuelo de saber cuántos como él deambulaban con sus intimidades en carne viva.
En Google depositas un manojo de palabras sueltas y te devuelve una perdigonada informe de resultados homologados por la estadística, no por la razón. Sin embargo, cuando empaquetas entre comillas el objeto de tu inquietud, Google entresaca del obsceno magma humano penas y alegrías idénticas, formuladas en su día con la misma desazón, curiosidad, miedo o simple gozo. Y qué alivio, descubrir a otros, en la punta opuesta del mundo, con secretos tan espinosos como los nuestros, o, en otra tesitura, con la misma tentación de caer en pecados inconfesables, salvo a Google.

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comentarios
  1. Nuria dice:

    Sí, así de inquietante es la red. Uno no sabe lo solo, abrumado, aburrido… pon el adjetivo que quieras, hasta que esa búsqueda evidencia miles de figuras idénticas. ¿O no? A lo mejor esos resultados no son tan parecidos… pero desde luego inquietan.
    Te seguiré la pista, amigo Cuéllar.

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