A salvo

Publicado: 21 septiembre, 2010 en humanos

Da igual guarecerse tras una pared de hormigón que tras la fina tela de un paraguas. Cuando apartamos la vista del mundo el sentimiento de protección aparece. Y siendo esto así, me pregunto ¿habrán construido los ciegos un sentimiento de protección análogo?
Obviamente, no me refiero a la posibilidad de que los invidentes, guarecidos en la oscuridad de sus ojos inútiles, se sientan seguros eternamente. A los ciegos, el sentido que les dibuja las distancias del mundo es el oído. Ponerse a salvo de lo que estimula el oído es alejar cualquier sonoridad. Pero digo yo, un silencio absoluto debe ser inquietante.
Quizás el sonido que exprese la ausencia de amenazas no sea más que cualquier cosa que no sean voces humanas. En el fondo, de eso es de lo que nos protege la tela del paraguas, de la vista de otros humanos, que al no vernos, no desearán sobre nosotros, librándonos de la molestia de interaccionar.
Luego están los sordo-ciegos, que ni oyen ni ven. Seguro que esa condición reserva una modalidad de protección total, como el que ni siente ni padece.

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