El trozo más pequeño

Publicado: 14 septiembre, 2010 en humanos

La niña va cortando pedacitos de su mano izquierda y de sus pies alternativamente. A veces hace una pausa y arranca una porción de cualquier otra parte de su cuerpo, la toma con la mano derecha, la observa detenidamente y luego la deposita en el mismo recipiente en el que va amontonando los demás restos. El dolor es creciente pero mientras no pierde la conciencia, ella persevera en su empeño por desentrañar el secreto que la intriga. En cada ocasión, su procedimiento es el mismo. Elige dónde amputará. Se toca y percibe la sensación. Luego reflexiona sobre su propia conciencia. La ubica y concluye con claridad que el lugar que alberga sus pensamientos sigue estando en la otra parte del cuerpo, al otro lado del corte que va a infligirse. Corta. Repite la secuencia. Al cabo de un número indefinido de tajos –el dolor ya no le deja llevar la cuenta- la niña comienza a aclarar sus ideas. En medio de un gran charco de sangre, asiente con un gesto profundo. Levanta los ojos y fija la mirada en su compañera de clase. Esta le apremia –queda poco tiempo para que finalize el recreo- y ella sentencia con voz determinada: “la parte más pequeña del ser humano es la cabeza”.

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