Justicia y Pis

Publicado: 11 septiembre, 2010 en verdades

A Daniel le gustaría estimar a los que le rodean. Apreciarles con sinceridad, sin revueltas ni eufemismos sentimentales para descafeinar lo que tienen de insoportables. Sería maravilloso, salir a la calle y no odiar al primer impulso.

Pero la vida es una selva de depredadores. Marcan el terreno meando sin mirar y a Daniel le molesta ya tanto chorro de pis insolente y descarado. Todo el mundo guarda unos mililitros de pis por si acaso. Cualquier ocasión es buena para delimitar un territorio personal, aunque en estrechez sea necesario pisotear las propiedades circundantes.

Periódicamente, Daniel intenta integrarse en esa dinámica de joder a todo el que te rodea. Pero es complicado. Antes de acostarse procura atiborrarse de agua, tres vasos por lo menos. Por la mañana aguanta las ganas de orinar. Se viste y sale a la calle. Nota como la mala hostia se apodera de él. Lo cierto es que su vejiga está a punto de reventar y esto le irrita en un crescendo de odio contenido, un resentimiento sin motivo que transtorna sus ojos. Daniel mira en derredor y solo ve a hijos de puta en potencia a los que deberá adelantarse antes de que ellos le aplasten. Tras recorrer dos manzanas, los hijos de puta se han convertido en bultos  de sebo y siente que estalla. Relaja la musculatura que ciega sus conductos y un golpazo de meado fumiga a diez personas-bulto que pasaban por allí. Daniel respira relajado.

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