Días de arena

Publicado: 8 septiembre, 2010 en Perdiendo el tiempo

Un cuello de botella puede convertirse en un lugar agradable siempre y cuando uno consiga reducir su propio tamaño lo suficiente. Cuando las paredes de cristal son mucho más altas que uno mismo, desaparece la sensación de claustrofobia y el pequeño túnel transparente puede recorrerse como un animado pasillo transitado por los enormes objetos que siempre quedan atrapados en un cuello de botella. Y quien dice objetos, dice situaciones, evoluciones, personas cualesquiera que no saben cómo reducir su tamaño, y días, muchos días que transcurren atascados, sin dar de si.

Cuando uno se olvida del embotellamiento, descubre que la situación tiene su encanto. Hay momentos en los que, inexplicablemente, logro hacerme pequeñito y alivio mis hombros de mi propio caos. Me siento apoyando la espalda sobre el cristal curvo (en cuclillas no puedo porque me falta flexibilidad) y miro las peleas que otros viven atorados sobre mi cabeza. Luego extiendo mis manos y las hundo en la arena de mi propio día. Levanto un puñado de horas que escapan entre mis dedos, esparcidas por la brisa del tiempo que roza mi rostro. Dejo que caigan en cualquier lugar, juego con ellas. Fabrico un castillo pueril de horas inútiles con la arena de un día tras otro…

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