En el mundo de las sombras el cielo es de piedra

Publicado: 2 septiembre, 2010 en verdades

Bajo un cielo de piedra las sombras se esconden del sol. Es un cielo informe, lleno de grietas en las que se escurren como manchas de aceite en vez de sombras. Hacen cola sin saber por qué, de puntillas sobre su humano, ancladas a sus pies y temerosas de que el sol las borre. Pero las sombras no saben que es el sol quien las dibuja y que los humanos huyen de él, a cobijarse en una sombra mucho más grande que acabará por engullirlas a todas.

Que los humanos brotan de  las sombras es una obviedad; todas las sombras lo saben. Que las sombras se mueven allá donde las lleva un viento inexplicable, también es algo sabido por todas ellas. Entonces, ¿qué sentido tiene ese rumor de que en realidad son los humanos los que empuñan la voluntad y que las sombras no son más que peleles que les cuelgan a ellos como la tela sobrante de un vestido holgado? Habladurías hay de todas clases; no son más que habladurías. Si tal cosa fuera posible, sería como si el mundo real estuviera al revés, como si, tomando una fotografía y poniéndola cabeza abajo, apareciese la auténtica realidad. ¡Qué cosa más absurda e increíble! No hay más que fijarse en esa sombrita con coleta que camina decidida a algún lugar. Ella no sabe hacia donde, pero su aspecto decidido es incontestable ¿no?

Las sombras se pegan al cielo de piedra, huyendo del sol. Se pegan al cielo lleno de grietas y se deforman sin saber por qué.

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